martes, 20 de junio de 2017

No te  confundas

Cuando veas el horizonte oscuro,

con fantasmas que te esperan,

no te confundas;

es el abismo al que tus pasos te llevan

irremediable,

angustiosa,

 dolorosamente...


lunes, 19 de junio de 2017

EL FINAL

El  fracaso, yo

La desilusión, los otros

El desencanto, el amor

La oscuridad, la vida

El final, la muerte.








































domingo, 13 de septiembre de 2015

Aroma

Capturo el aroma
de los azahares 
de mi patio gris,
vaya a saber si 
pueblan el sitio de la tristeza
y ya no duela tanto....

domingo, 6 de octubre de 2013

COLORES DEL ALMA (versión 2013)


Cuadrados con Círculos Concéntricos de Wassily Kandinsky, 1913.


"El arte es el placer de un espíritu que penetra en la naturaleza y descubre que también ésta tiene alma."
                                                                                                Auguste Rodin

Es la luz por la que corro y asciendo la escalera de la casa de ángeles. Las nubes son claras, me arrojo sobre la hierba escarlata que huele a óleo fresco para rodar hacia las aguas de brillantina que me empapan la piel. Un pajarito en la jaula carcelera trina la congoja del encierro,  una lágrima gélida paraliza mis mejillas  y extiendo mis manos para rescatarlo. Para que  los barrotes estallen gritos de libertad y broten por los poros de la Tierra, que agoniza con sus pulmones fatigados. Pobres  los esclavos de su  propia vida, del hombre de negocios, del que olvidó los sueños dentro de un fajo de billetes, los de corazón ciego, que no se detienen a observar, a oler, a gustar, a sentir, a amar...

 Cierro los ojos, el caballo blanco galopa en la pradera de mi corazón enamorado, que ansioso espera pero galopa –temeroso- en busca del camino perdido. Duele el puño de la vida haciendo trizas mis colores y las estrellas que se despabilan en el jardín que recomenzaba a labrar.  Sencillo y silencioso, con sus flores silvestres de colores, sus frutales jugosos y la tierra fértil. Solitarios de las calles cotidianas, nos elegimos, sin querer, para olvidar un pasado de sábanas frías y atardeceres sin su primera estrella.

 La escalera me transporta hasta lo más alto, las nubes ya no son diáfanas, pero el potro galopa sin tregua, amigo de las aguas que danzan con sus crines en el viento. El sube y baja de mi loca existencia se enajena en el aire que respiro. Una telaraña de metal acecha al otro lado de mi corazón, crece con vehemencia, con firmeza. Tengo miedo, todo se vuelve negro, los colores languidecen, el estro enferma y el artista muere. Tengo miedo y hace frío, la soledad me gobierna, los pasos de aquél se acrecientan y se alejan. Llueve y es tormenta, late fuerte el corazón y tropieza. La luz violeta ilumina tímidamente el ciego destino, violetas son los muros y el cielo de piedra y son violetas las flores que acicalan cabellos barnizados por un sol de mediodía.
Una marea envenenada arrastra mis huesos hasta los hielos de la incomprensión del gentío. El libro de poemas es hierba fresca donde descansan, es la costa de un lago por donde persigo sus huellas, es el sol plateado en las noches de vigilia. El potro inmaculado no cesa su marcha, acomete contra el cierzo helado y derrama el exhausto sudor carmesí sobre las pampas.

Un mágico duende artista  coloreó de risas mis pupilas fuscas y una gota de alivio se desliza por el pétalo que cree haberse encontrado con el misterio de su flor. Una hamaca se bambolea en la brisa en busca de aquella niña que jamás regresó, de la mujer con espinas en sus pies sangrantes que vaga por la pradera librando su lucha más cruel. 


viernes, 2 de agosto de 2013

Purgatorio

Mujer Sin Rostro Con Gato Pablo Tobar Henry

Profiero un alarido bárbaro por los tejados del mundo, porque él me empujó a errar sin paz entre los mortales. Mi grito es silencioso y los busco, pero ellos ya partieron... Hace tiempo. ¿Cuánto?  Los mismos que yo deambulo por el cielo de las almas en pena. Pocos, muchos, ya no me importa. Solo importa que ellos están a salvo, están junto a Él.

Yo, en cambio, recibí mi castigo. Quise ir detrás de ellos. No era mi hora. Y aquí estoy, aún llena de dolor, furia y gritos... los mismos de aquella noche, de “la noche”.
La noche en la que dos ojos brillantes, brujos pero llenos de susto fueron los únicos testigos de la masacre. Entonces se quedó solo, mientras él huía por la puerta del fondo. Desde entonces, Jofiel, comenzó a vagar por los tejados, buscando alimento, calorcito y el amor de hogar que le arrebató un dejo de locura de un hombre.


Es el único que puede verme, el único que con su mirada de luz sagrada acaricia el dolor que explota en mi pecho, mientras la ira chorrea por mi cuerpo esperando se reencarne en venganza; aunque, a veces, sentada sobre algún tejado, calmando mi padecer sobre el lomo de Jofiel, espero a la justicia.